miércoles, 1 de septiembre de 2010

OLITE s.XIX, LOS ÚLTIMOS EUSKALDUNES

A principios del siglo XIX, un suspiro para la Historia, un vecino de Olite afirmaba que hablaba en euskera con sus amigos de infancia. Este hecho de, al menos, significativa relevancia lingüística se publicó en 1875 en el libro “La Lengua Vasca. Su origen y repartición”, del ilustrado científico francés Paul Pierre Broca (1824-1880). La afirmación no es nimia y aparece en el estudio como un dato “importante”, ejemplo ilustrativo del retroceso del euskera en Navarra.

La fortuna es caprichosa y suele discurrir por sendas torcidas. Ocurre que cuando uno busca algo no halla ni rastro y que a veces, de chiripa, se encuentra en un minuto joyas que otros llevan persiguiendo años. Un amigo de Tafalla, que pierde el sueño por la Historia y ama la lengua de Aitor sin continencia, ha descubierto este verano en la Biblioteca Nacional de Madrid un librito francés que informa de los últimos euskaldunes de Olite.

El manual de Paul Broca, editado en París, asegura en su idioma galo que no es necesario remontarse hasta el siglo XVI para conocer los límites meridionales del euskera y mantiene, en 1875, que “basta con mirar un par de generaciones para ver el retroceso de la lengua vasca”.

Y en este intento por demostrar que todavía a principios del siglo XIX la lingua navarrorum se empleaba mucho más abajo de Iruña cita, “de dos fuentes diferentes”, testimonios de familias que la utilizaban en Puente la Reina “hace unos 60 años”. El investigador, que después plasmó su estudio en un mapa parecido al de los dialectos (euskalkis) del príncipe Bonaparte, precisa que Gares “está hoy situada fuera de la línea vasca, a 5 leguas al sur de Pamplona”.

Y es entonces cuando en el texto recurre a Olite como paradigma del repliegue de las mugas del vascuence al citar la prueba obtenida por otro erudito francés. “Francisque Michel recabó un dato aún más importante”, hila más fino Broca. Y sigue: “un navarro de Olite afirmaba que en Olite hablaba en vasco con sus amigos cuando era pequeño. Este hecho se publicó en 1857 pero se remontaba a unos 35 o 40 años. Por lo tanto no hace ni 60 años que se dejó de hablar vasco en Olite”, recalca el también antropólogo Broca.

El autor, además, ubica al lector sobre dónde radica geográficamente Erriberri y la relevancia que adquiere este testimonio, toda vez que la ciudad está “situada a 10 leguas al sur de Pamplona” y “se encuentra en la actualidad a 7 lenguas del punto de la línea vasca más cercana. Este alejamiento importante que se dio en medio siglo no era reciente”.

El ilustrado, también conocido por sus estudios sobre el cerebro y su relación con la capacidad lingüística, añade que dentro de un triángulo imaginario que iba de la muga de retroceso a la margen izquierda del río Ebro y a la orilla derecha del Aragón, los topónimos vascos eran frecuentes y que más allá de estos ríos escaseaban o eran raros. “Por consecuente, es muy probable que la lengua vasca se extendiera, hasta hace pocos siglos, hasta este límite y que estuviera en un estado estable quizás desde la época romana”.

Según Broca, que además era médico anatomista, “es fácil imaginar que el Ebro y el Aragón fueron fortificaciones naturales al amparo de las cuales los vascones y sus aliados pudieron resistir y sustraerse al domino de los romanos, sino de manera absoluta, sí suficiente para conservar su lengua y nacionalidad, mientras el resto de la Península soportaba el yugo y adoptaba el idioma de los vencedores”.

Paul Broca escribió cientos de artículos científicos y numerosos libros. En 1859 fundó la Sociedad de Antropología de París. Publicó varios trabajos sobre la extensión y origen de la lengua vasca. “Sur l´origine et la répartition de la Langue Basque. Basques français et basques espagnols”, en el que aparece el ejemplo de Olite, contienen también un precioso y detallado mapa que abarca todos los territorios vascos e indica, además de las mugas del euskera, los límites del castellano como lengua dominante.

El otro investigador al que cita Broca y primera fuente del testimonio de Erriberri, Francisque Michel (Lyon, 1809-1887), fue un polifacético vascólogo de fama mundial. Viajero, escritor y editor de libros, Michel comenzó a interesarse por los vascos y su antiquísimo idioma al profundizar en la historia de Navarra.

Francisque Michel fue autor de “Le Pays Basque. Sa population, sa langue, ses moeurs, sa littërature eta sa musique” (París, 1857), primera gran monografía del País, en la que aparece el dato del olitense. Un maestro navarro de Heleta, Etcheverry, le ayudó en sus trabajos.

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