martes, 3 de septiembre de 2013

“LA VARA DE LA LIBERTAD”, UNA NOVELA CON HOMENAJE

Goig,a  la derecha, con la familia Cabrero-Zalakain
La escritora Isabel Goig Soler (Jaén, 1951) ha presentado estos días su nueva novela, “La Vara de la Libertad”, que tiene mucho que ver con nuestra Merindad y la desaparición en 1936 del alcalde de Pitillas Antonio Cabrero Santamaría y del maestro de Fitero Valentín Llorente Benito, fusilados en la Sierra soriana de la Alcarama por su filiación republicana y cuyos cuerpos todavía no se han recuperado pese al denodado esfuerzo realizado hasta fechas recientes por sus familiares, que hace tres años levantaron en ese lugar un monolito en su memoria.

            Dentro de la historia cruel de los desaparecidos en las cunetas a los que todavía hoy no se ha dado oficialmente sepultura, la de Isabel Goig penetra en la psicología de unos protagonistas perseguidos durante más de mes y medio por un paraje rural abrupto, a la vez que hila el contexto histórico de localidades en la que aquella cacería al hombre tendrá repercusión en sus familias, Pitillas o Tafalla las más cercanas a nosotros.

Monolito levantado en la sierra de Alcarama
            La autora ha novelado la raíz y los efectos de una terrible historia que ha quedado fraguada en una narración verosímil, homenaje a la memoria de aquellos injustamente perseguidos a los que les arrebataron hasta el descanso en camposanto y consecuencia de un sufrimiento que, hasta la actualidad, se irradió a unos descendientes diseminados tras la tragedia por Navarra, Huesca, La Rioja o Francia.

            “Parte de ese padecer que todavía perdura, podría haberse aliviado hace ya muchos años con sólo poner los medios para que los restos de tantas personas muertas en las cunetas fueran entregados a sus familiares. La falta de empatía, la carencia de conciencia, hace que esto sea, a día de hoy, una quimera”, precisa la escritora que tiene en su haber más de una veintena de libros de diferente temática.

            Quizá lo más complicado para la autora ha sido combinar el rigor histórico del estallido del golpe de estado en el verano de 1936 y sus antecedentes, con la creación literaria de los personales.  Goig explica que “aunque en la novela aparece seguido, el trabajo no ha sido así. Fue en la parte de la Sierra, ese mes y medio, donde me encontré más a gusto escribiendo. Todo es necesariamente ficción, nadie sabe cómo transcurrió, ni de qué hablaban, ni por dónde se movían, salvo pinceladas aportadas por una pastorcilla que les dejaba comida casi a escondidas, o por los descendientes de los pastores que les ayudaron. Este fue el primer trabajo que hice, muy a gusto porque todo era pura narración.  Para la ficción psicológica he tenido que ponerme en lugar de ellos, qué sentiría yo, cómo lo viviría. La parte histórica de los hechos fue más ardua”.

Portada del libro
            La portada y la contraportada de la obra son un guiño al pasado y a los efectos incontrolables que tuvo en el futuro. La autora precisa que la casa de muros blanqueados que aparece en la fotografía es la que fue domicilio en Pitillas del exalcalde que tuvo que huir por distinguirse en la defensa del comunal y reparto de tierras de cultivo entre los vecinos más necesitados. “De ahí salió el pitillés para la Sierra de la Alcarama. Y el niño que está en la puerta es Omar Cabrero, bisnieto del asesinado. Su abuelo Valentín, hijo de Antonio, vio desaparecer a su padre hacia la muerte en esa misma posición y desde ese mismo lugar. Es un homenaje más”, manifiesta la autora.

            En cuanto al documento manuscrito que reproduce la contraportada, Isabel Goig revela que también tiene un fuerte significado porque “es la respuesta del cura de San Pedro Manrique (Soria), a la carta enviada por Juliana, la mujer del fusilado, preguntándole por el paradero de los restos de su marido” y en la que el sacerdote se desentiende.

 
Presentación de la obra en Sarnago (Soria)
           La historia de “La Vara de la Libertad”, título que hace alusión a una jota que cantaban en Pitillas en honor del alcalde socialista asesinado, llegó a manos de Isabel por su pertenencia a la dirección de la Asociación para la Memoria Histórica de Soria, territorio al que desde 1979 está sujeta la escritora y periodista. Además de la sierra soriana, el relato salta a otros espacios que la autora visitó antes para documentarse: “He viajado a Pitillas, Fitero, Igea, Cornago y Ponzano para poder situar geográficamente la narración. Es algo que siempre hago. Sobre el conflicto de la zona de Pitillas he recibido la ayuda de un nieto de Antonio Cabrero. De los otros, hablando con las personas mayores de esos pueblos. Por otro lado, el tema de la Guerra Civil me ha interesado siempre y he leído mucho sobre ella, además de ver películas y documentales”.

            En cuanto a cómo cree que será recibido su trabajo, la escritora opina que “supongo que en algunos ámbitos bien y en otros muy mal. Pero he de decir que jamás pienso en eso cuando escribo, lo hago para mí. Es imposible gustar o interesar a todos por lo que trato de ser fiel a mí misma. Mi primera intención era escribir la narración inspirada, sólo inspirada,  en aquellos hechos, pero finalmente es, en una parte importante, biográfica. He dudado muchas veces, pero finalmente estoy contenta con el resultado. Si los restos no se recuperan, esta novela-biografía será el homenaje final. Es mi particular aportación para que aquella barbaridad no se olvide”.


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