domingo, 13 de noviembre de 2016

A 80 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DEL ALCALDE DE OLITE

El Alcalde elegido en las urnas que proclamó en Olite/Erriberri la II República, Carlos Escudero Cerdán, fue asesinado con nocturnidad y semienterrado a ras de suelo en una finca situada a la entrada de la localidad de Enériz (Valdizarbe) un 15 de noviembre de 1936, se cumple ahora 80 años. El regidor cayó en la tercera oleada de fusilamientos, cuando ya habían pasado cuatro meses del inicio del golpe de estado que dirigió el general Mola en Navarra, inhumado luego con honores junto al también golpista Sanjurjo y media docena de requetés en el llamado Monumento a los Caídos que pagó la Diputación Foral.
            De los 50 olitenses eliminados en aquellos meses, en un pueblo de unos 2.500 habitantes con el 70% de representación municipal republicano socialista, en las primeras semanas cayeron en las cunetas aproximadamente el 30%, sobre todo ediles y sindicalistas. Otro tanto desapareció en septiembre en Zaragoza, los forzados a alistarse en el llamado Tercio de Sanjurjo, y en noviembre fueron primero a por el exalcalde y luego, cuando acabó el mes, remataron en la sierra del Perdón a los 13 vecinos presos que quedaban en la cárcel de Pamplona/Iruña.
            El que escribe ha buscado imágenes de mandatario local por donde ha podido, pero nada ha hallado para ilustrar la reseña de quien defendió el ideal de Acción Republicana, formación de Manuel Azaña, y fue máximo responsable municipal entre el 14 de abril de 1931 y el verano de 1933. Carlos Escudero Cerdán era un hombre sesentón y mayor, más en aquel tiempo. Estaba casado con Corpus Goñi Pardo, de Garínoain (Valdorba), no tenían hijos, y de profesión era labrador. Un “media reja”, que llamaban en el pueblo, que había adquirido pequeñas propiedades después de volver de América, creo que de Cuba, lo que le permitió vivir con algún desahogo y dedicarse a plantar viñas nuevas.
            A Carlos Escudero le apodaban el “Aguador”, por su antigua profesión. La casa del matrimonio abría sus puertas en la calle de Medios y con él convivía la hermana de Corpus, que se llamaba Benita. Las vecinas Corpus y Emilia Gabari, que en la época tenían menos de diez años y todavía mantienen la memoria, recuerdan que el “señor Carlos” tenía un caballo blanco de pintas grises, “Perico”, que cuando incautaron sus bienes fue a parar a un gran bodeguero de la localidad. En una cena en Tafalla de quienes hacíamos la revista La Voz de la Merindad, puede que hacer más de diez años, me habló de él Xabier Doxandabaratz, que había administrado algunas de sus propiedades porque su mujer era pariente. La familia de mi padre también trabajó varias fincas.
            El día que intentaron detenerlo en su casa, el Alcalde quiso huir por la ventana. Al parecer, se descolgó por una higuera que había en un patio interior. Pero cayó. Se lastimó la pierna y los que fueron a detenerlo desistieron, por el momento. Cojo fue curando en el domicilio de sus sobrinos Francisco Escudero y Felisa Andía. Le pusieron un guardia civil en la puerta para que no huyera, pero al tiempo se trasladó al pueblo de su esposa, a casa Etxeberria de Garínoain.
            Cuando los golpistas conocieron el destino, acudieron el 15 de noviembre a por él. Fueron al domicilio de las goñis. Hacía fresco en pleno noviembre y Corpus intentó prestarle un jersey. Los enviados de la guadaña le dijeron que no hacía falta, que iba a regresar enseguida. Su cuñada, que no les creyó, invitó a Carlos a rezar un Padrenuestro que no salió de sus labios, según recibieron el relato las vecinas de Olite tras una desaparición sobre la que cayó una losa de silencio. 
           Contaba el fallecido Luis Pérez Rocafort “Planilla”, también hijo de concejal fusilado, que a Escudero lo subieron en la parte trasera de camión, junto a quienes iban a ser sus ejecutores, falangistas del pueblo y algún requeté que luego acabó la vida de indigente.  Los bancos corridos iban sueltos en el interior. De Garínoain se coge la carretera N-121 en dirección a Pamplona y luego la NA-601 que lleva a Puente la Reina/Gares. De noche, el trayecto hasta la entrada al primer pueblo, Enériz, podría costar unos veinte minutos. Un bache en la angosta calzada de Valdizarbe hizo botar el camión y los de dentro casi salieron despedidos, contaba Luis al recordar que, entonces, el Alcalde que iba a ser tiroteado en lugar de intentar huir evitó que un pistolero saliera expulsado del vehículo. Pocos minutos después le fusilaba en la primera pieza de labranza que hay al llegar al pueblo. El desalmado, jocoso, así lo contó cuando regresó a las tabernas en las que se pavoneaba beodo.
            Según el relato, con las prisas del amanecer, el cuerpo del Alcalde fue sepultado a poca profundidad. El propietario del terreno, por respeto, dejó sin cultivar la zona. Ante el temor de que quedaran a la luz los restos, el cura y algunos vecinos hicieron más profunda la fosa y, al tiempo, movieron los huesos al cementerio de Enériz.
            Quiso la chiripa que,  años después, un sacerdote nuevo llegado a la parroquia de San Pedro de Olite conociera la historia, porque era natural de Enériz. A finales de los años 70 del siglo pasado, ya había un grupo de familiares de asesinados en el 36 que se había organizado para recuperar los restos y dignificar su memoria con la construcción de un panteón comunitario en Olite.
             “Planilla”, Ochoa “Pablera” y Mari Azcárate, entre otros, recabaron entonces información sobre Escudero en los vecinos de Enériz. En el camposanto reunieron en una caja sus restos y los enterraron en Olite el 13 de mayo de 1979, junto al medio centenar de republicanos del pueblo asesinados y en un funeral multitudinario.



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